De catedrales contemporáneas y celdas conventuales profanas: Diego Delas y Julius Heinemann en la galería F2

 FICHA TÉCNICA:

  • Título de la exposición: «A Warmth From Within / Calidez del adentro»
  • Artistas: Diego Delas y Julius Heinemann
  • Fechas de la exposición: 23 de octubre / 4 de diciembre del 2021
  • Lugar: Galería F2 (Calle Doctor Fourquet 28, 28012 Madrid)

 

Vista desde la entrada de la exposición
Vista desde la entrada de la exposición.

Calidez del adentro es una propuesta artística conjunta de los artistas Diego Delas (Aranda de Duero, 1983) y Julius Heinemann (Munich, 1984), y consiste fundamentalmente en una intervención en el espacio galerístico que acoge la muestra, la galería F2 de Madrid, emplazada en el barrio multicultural de Lavapiés. Se trata de una exposición que prescinde de la figura intermediaria del comisario, algo reseñable si se tiene en cuenta la solidez que se ha alcanzado en el discurso y en el planteamiento estético que vertebran la muestra. Probablemente tenga que ver el hecho de que la iniciativa haya partido de los propios artistas, a los que une una amistad y una admiración mutua por el trabajo del otro. Ello, unido a las sinergias que existen entre las inquietudes e intereses que ambos exploran a través de sus obras, sin duda ha sido decisivo de cara a la articulación orgánica que se ha conseguido de los planteamientos conceptuales y estéticos de ambos artistas.

La muestra parte de la reestructuración del espacio de la galería a través de elementos arquitectónicos que se caracterizan por su permeabilidad. Fachadas tejidas en tela de malla coloreada, paneles de madera recubiertos de hormigón sobre los que se han pintado anchos campos de color parduzco y los propios límites físicos de la galería son los elementos principales que constituyen este nuevo espacio, un espacio recogido, íntimo, sagrado en un sentido que trasciende lo divino porque alude a una paz interior, al alcance de cualquier ser humano capaz de estar presente en su propio cuerpo, de escapar de las garras del tiempo que quiere subordinarlo a sus ritmos y exigencias, de defender un rincón de sí mismo que le pertenece solo a él y que protege del reclamo de todos y todo. 

Vista de la fachada de malla coloreada de Julius Heinemann con los paneles de madera pintados de Diego Delas al fondo.


El recogimiento al que incita este espacio no es casual: Delas y Heinemann tienen una celda conventual en mente a la hora de intervenir el espacio de la galería y redistribuirlo. La idea surge a partir del fallido intento de arquitectos modernos como Le Corbusier o Luis Barragán por construir espacios destinados igualmente a la habitación y al recogimiento del individuo moderno, puesto que ambos arquitectos se negaban a reducir la arquitectura a su funcionalidad y aspiraban a configurar espacios que estimulasen la imaginación, la reflexión y la introspección, un ideal que aplicaron por medio de dotar de dimensiones plásticas a sus construcciones. Mención aparte merece el misticismo que rodea a arquitectos como Lina Bo Bardi o los ya mencionados Le Corbusier y Luis Barragán, conocidos por atesorar Madonnas en sus dormitorios, hecho que evocó a los artistas Diego Delas y Julius Heinemann una calidez que impregna la arquitectura y que les sugiere una caridad y protección que trascienden la funcionalidad que rige la disciplina.

La fachada de tela de malla coloreada del artista Julius Heinemann confiere a la pintura una dimensión espacial y permite diversas asociaciones visuales que amplían la percepción del espectador.


Recogiendo el testigo de aquellos visionarios arquitectos modernos, Delas y Heinemann construyen un espacio que busca generar experiencias perceptivas en el visitante asociadas a la mirada, al desplazamiento físico por el lugar y a la activación de la memoria. Así, la fachada hecha en tela de malla coloreada elaborada por Julius Heinemann y que sirve de separación entre el profano “afuera” de la galería y el sagrado “adentro” de la celda conventual, está en consonancia con las líneas de trabajo del artista, centradas en la investigación de los diferentes modos de percepción como base de las relaciones que establece el individuo con lo otro. El material empleado en la confección del muro permite la filtración visual del espacio al que antecede, en el que se desarrolla la propuesta artística que gira en torno al concepto de celda. El que el artista haya pintado campos de color sobre la tela de malla proporciona a la pintura una dimensión espacial que desafía, además, el estatismo inherente al medio, ya que su fijación al soporte se ve trascendida por la mirada del espectador, en la que sucede un solapamiento visual entre la tela de malla pintada y el espacio que se extiende al otro lado, sembrado de objetos que interaccionan entre sí y con la muralla textil y el espectador. El desplazamiento físico del visitante a través del espacio, además, abre nuevas e inagotables posibilidades de asociaciones de ideas e imágenes que amplían y diversifican su percepción.

Vista trasera de los paneles de Diego Delas que estructuran el núcleo de la celda conventual. En el pasillo cuadrangular que forman se aprecian una mesa, un taburete y acuarelas pintadas por Julius Heinemann.


El desplazamiento físico a través del espacio es también un concepto de vital importancia en la propuesta artística de Delas, que en la exposición que nos ocupa se sintetiza principalmente en cuatro paneles de madera que levantan el núcleo de la celda. Dichos paneles no describen un espacio cerrado: la porosidad y la comunicación abierta entre las diferentes dependencias y elementos arquitectónicos que organizan el espacio es un valor omnipresente en la totalidad de la muestra. Los paneles tienen un recubrimiento de hormigón sobre el que se ha dado una capa de pintura heterogénea, basada en la alternancia de manchas de colores que están dentro de una gama de grises verdosos que por momentos recuerdan a la espesura de la selva o a un uniforme militar. De la superficie emergen, tenues y discretos, símbolos y emblemas varios que han sido rascados con un objeto punzante, los cuales conviven con monograbados prensados a mano por el artista y que representan motivos decorativos de la tradición arquitectónica española, así como símbolos y emblemas que se corresponden con los grabados alquímicos y la iconografía masónica del siglo XVII y con las cartas de Tarot. 

Los paneles de Diego Delas no describen un espacio cerrado: la porosidad y la comunicación abierta entre las diferentes dependencias y elementos arquitectónicos que organizan el espacio es un valor omnipresente en la totalidad de la muestra.


Uno de los paneles de madera pintada realizados por Diego Delas decorados con símbolos rascados sobre la superficie y monograbados prensados a mano con cuchara en tinta al óleo.

Vista detallada de la superficie del panel y de uno de los monograbados de Diego Delas.


Lo que estos repertorios de imágenes tienen en común es su narratividad instrínseca y su articulabilidad en benefició de la activación de la memoria. En esta línea, Delas equipara las instalaciones de arte contemporáneo con las técnicas mnemónicas griegas y con las catedrales, ya que estos dos ejemplos se caracterizan por el engranamiento de símbolos dispuestos en un orden de sucesión cuya interpretación precisa de un desplazamiento, ya sea literal o metafórico, por un espacio material o en un plano mental. De igual manera, en una instalación de arte contemporáneo como la presente se exponen al visitante objetos/ideas organizados en el espacio de acuerdo con una lógica que responde a la significación del artista y que requieren de un recorrido físico y mental por parte del espectador.

Vista detallada de la superficie de la mesa intervenida por el artista Diego Delas y de los bocetos dispersos sobre ella obra de Julius Heinemann.


La muestra se completa con un mobiliario muy básico que alude a un espacio pensado para su habitación: un taburete y una mesa. Ambos muebles han sido intervenidos por los dos artistas, que los han dotado de un carácter estético que opaca su funcionalidad. Así, la superficie de la mesa se sintetiza en un lienzo pintado por Diego Delas sobre el que descansan, dispersos, numerosos esbozos de Julius Heinemann que pueden ser manipulados libremente por los visitantes. Por otro lado, el taburete adquiere una dimensión escultórica que remite a las tallas totémicas. Por último una serie de acuarelas de Julius Heinemann revisten las paredes de la galería y los reversos de los paneles que estructuran el núcleo de la celda conventual.

Vista detallada del taburete escultórico obra de los dos artistas.


Calidez del adentro se nos presenta así no solo como una brillante reflexión sobre el espacio, el espacio físico que articula otro espacio simbólico, un espacio experiencial que estimula nuestros sentidos, amplía nuestra percepción y activa nuestra memoria, sino también como una aproximación interesante a la práctica artística contemporánea que aporta nuevas genealogías para las instalaciones de arte que la entroncan con una tradición que podríamos pensar, erróneamente, que le es completamente ajena.



Lara Elisabeth Goicoechea Armijos

Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

REAPARECE EL PARECIDO: PEREJAUME EN NOGUERAS BLANCHARD

'Buen Gobierno' de Sandra Gamarra: una mirada decolonial que cuestiona los grandes relatos